La cigarrera y la hormigonera

 Había una vez una cigarrera y una hormigonera que vivían en Zaragoza. La cigarrera vendía cigarros de estraperlo, no se abrigaba mucho y estaba siempre en la calle hablando con la gente y pasándolo bien. La hormigonera se dedicaba a cosas más serias. Hacía calles, construía urbanizaciones de protección oficial y se dejaba la piel en las obras del Plan E y del nuevo tranvía. La cigarrera se reía de la hormigonera, de su cisterna azul y blanca como los pantalones de Obélix. La hormigonera le decía a la cigarrera que espabilara, que venía la crisis y que no se podía estar toda la vida haciendo trapicheos, que el siglo veintiuno había llegado ya. Pasaron los años y un día, unos señores de negro acusaron a la cigarrera de contrabando y pidieron para ella dos años de cárcel. Ella dijo que ya estaba mayor para esos trotes,  que llevaba cincuenta y seis años vendiendo cigarros en el mismo sitio y que a buenas horas venían. La hormigonera se rió de ella y le dijo que ya se lo había avisado. Pasó aún más tiempo y la hormigonera se quedó sin trabajo. No había calles que asfaltar, ni casas que hacer ni nada de nada. Entonces la hormigonera se acordó se su amiga la cigarrera y fue a buscarla a su calle, al tubo, para pedirle algo de comer. Pero cuando llegó, la cigarrera ya no estaba allí.


No podemos permitirnos otro agosto en blanco

El concepto de productividad es más profundo y complicado de lo que parece. Tenemos que cambiar algunos hábitos de trabajo y de funcionamiento visto lo visto porque tal y como está montado el chiringuito la cosa parece que no funciona bien. Por ejemplo, ahora que se acerca el verano, ¿se imaginan ustedes a los cuatro millones de parados buscando empleo en ese mes? Además de ser una labor complicadísima –no creo que muchas empresas, con la excepción del turismo, estén pensando en contratar y menos en agosto-, no creo que muchos de los parados dediquen este mes a buscar empleo. Porque, sencillamente, agosto no cuenta y, tal y como está el patio, debería contar y mucho. Para empezar, los políticos deben dar ejemplo y escalonar sus vacaciones con prudencia para que no se les pierda de vista un mes entero. Es momento de dar ejemplo a todos. Tal y como está el patio, agosto no puede ser un mes en blanco para el país. No estamos para esos lujos.


Huelga general

Los sindicatos han anunciado una huelga general. Mañana, se concretará la fecha y se sabrán más cosas, pero la noticia parece imparable. El PP dice que no se apunta. Los empresarios también creen que España no está para esos trotes. El Gobierno tampoco la quiere. Sin embargo, los sindicatos están muy convencidos. Miro las noticias más leídas en el diario económico Expansión y veo que los trabajadores de UGT se han subido el salario y las dietas y que su poder adquisitivo no baja sino que sube notablemente. Cada vez es más fácil sacar defectos a las centrales sindicales en este contexto. Lo cierto es que no están muy finos. La próxima convocatoria puede convertirse en una desautorización en toda regla a los sindicatos. Tal y como están las cosas, no apetece ponerse a tocar el pito en la puerta de tu empresa porque no va a cambiar nada. Así que va a ser mejor trabajar, no perder dinero y aguantar el tirón. 


Dos años de la Expo

 Se cumplen dos años desde el final de la Expo 2008. La expo del agua, ya ven. Agua y desarrollo sostenible. Precisamente, el desarrollo de la expo no se ha sostenido lo más mínimo. Ninguna empresa ha querido saber nada del recinto empresarial porque ha venido la crisis a mordernos la yugular. Nos tomaron el pelo con tanta cultura del agua. Nos tuvieron entretenidos mirando curiosas exposiciones en las que una voluntaria que no cobraba un duro nos explicaba que había que tirar menos de la cadena del vater. Urbanizaron, sacaron pasta para puentes y para hacer crecer la ciudad. Nos dejaron edificios que no llegan a singulares y cuando todo se terminó ha llegado la crisis y nos ha pillado con el culo al aire. La carta del agua. La tribuna del agua. La gaita del agua. Despilfarro, cetrería y actitudes de paleto y nuevo rico. Ahora, al pensarlo, lo malo no es que nos hayan tomado el pelo. Lo malo es la cara de tonto que se te queda.


Mari Paz

Hoy les voy a hablar de Mari Paz, una señora de la Almozara que viene a verme muchas mañanas. –Maqui –me dice- a ver si nos ayudas a los del barrio y a la asamblea de parados. Mari Paz tiene una caravana rota con la que quiere ir a Italia a vender bisutería. Además, su casa de Zaragoza está en ruinas, tiene alguna demanda por impago, la cuenta embargada y no tiene un duro para pasar el día. Mari Paz está vinculada a la asamblea de parados. Se manifiestan con mucha frecuencia y participaron con fuerza en la manifestación del otro día, aunque no son funcionarios. Mari Paz trabaja por el barrio y no para de dar guerra aquí y allá. Está muy disgustada con la situación, pero se preocupa por mejorarla y, en la medida de sus posibilidades, por ayudar a los demás, aunque estén lejos. Mari Paz tiene mucha dignidad, aunque a la gente le parezca algo peculiar y la desprecien por ello. Mari Paz, repito, tiene muchísima dignidad, aunque coma todos los días de lo que encuentra en el contenedor.


No se engañen

No se engañen. La política lo impregna todo. Nos tienen controlados. No quieren que les molestemos. No se crean independientes. No se crean ni siquiera únicos. Somos vulgares y nuestro pensamiento es, casi siempre, repetitivo. Cuando les molestamos o se nos agota el crédito, nos ahogan. Ya no podemos ni pedir responsabilidades porque están por encima los mercados con su inescrutable ley. No entendemos nada de lo que está pasando porque las leyes de la economía no las entiende ni el mejor de los economistas. Nos encontramos con una situación extraña: además de víctimas somos culpables de haber permitido una situación que ahora se nos antoja escandalosa. Mientras tanto, alguien tendrá que pensar una forma de poner a los bancos en su sitio.


Paquete bomba

 Hasta Labordeta lo ha dicho en Radio Nacional. Los sindicatos han estado callados cuando el paro crecía a un ritmo de vértigo. Hoy, los pitos y las sirenas deben meterse en los oídos de los sindicatos hasta muy dentro. El paquete bomba de la huelga puede estallarles encima a las centrales sindicales. Nos hemos hartado de ver a personas entrar a su trabajo diciendo que están a favor de la huelga, pero que no la hacen porque no quieren perder aún más dinero. Los sindicatos deben hacer reflexión y valorar si el papel que han representado como escuderos del gobierno es lo que los trabajadores reclamaban de ellos. La huelga general llegará tarde y mal. No aportará nada y será la inmolación de unos sindicatos incapaces de dar soluciones o apoyo a los parados. El ciudadano ya no tiene ganas de que cuatro listos le corten la calle con sus pancartas cuando vuelve de trabajar.

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La sartén por el mango

A veces, se escuchan comentarios que aventuran qué pasaría si salieran las cuentas y el PP pudiese pactar con el PAR para formar el próximo gobierno de Aragón. Aunque a Rajoy no le parece bien, hay quien dice que el PP estaría dispuesto a dejar a Biel el Gobierno de Aragón. No creo que sea algo que obsesione a Biel, aunque seguro que no le amarga el dulce. Pero, si se fijan, Biel lleva tiempo gobernando Aragón de hecho. Si miramos hoy, por ejemplo, las noticias de las agencias de comunicación vemos al jefe del PAR hablando sobre la huelga, los recortes, las empresas públicas, las comarcas, las diputaciones provinciales, etc. Biel habla de lo que interesa a día de hoy, corta el bacalao. Mientras, Marcelino, como en la monarquía parlamentaria, reina pero no gobierna. Flota. No navega. Sigue con su travesía central, un proyecto de medio plazo que a él le pillará en la senectud política y tal vez vital. Así que ya saben, Marcelino tiene la sartén, pero Biel tiene el mango.

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Zaragoza estival

Zaragoza se despereza de un invierno largo. Como una chica triste que quiere disimular, la ciudad sale a la calle y se pone guapa. Maquillaje y vestido. La feria del libro con su carpa, su megafonía y sus casetas de libros muestra un escaparate de ciudad moderna y adaptada a los nuevos tiempos. Independencia es como la plaza del pueblo. Ahí te puedes encontrar a cualquier conocido. Este fin de semana, los barcos del Ebro están baratos. Sólo por un euro puedes ir desde Vadorrey hasta cerca de lo que fue la expo. Dicen que el año pasado se cuadraron las cuentas, pero no está nada claro. Además, a lo largo del año, el precio para montar en los barquitos va a ser más barato que la temporada anterior. A ver si ahora alguien más se anima. Y sobre el puente de piedra, mientras pasan las barcas por debajo, los zaragozanos disfrazados de ciudadanos medievales pasan un fin de semana divertido y original en el famoso y creciente Mercadillo medieval. A la gente le encanta este tipo de cosas. Quizá no sepan que estamos volviendo poco a poco a lo medieval, al feudo, al intercambio, al trueque. Son cosas de la crisis.

 

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Contra la tristeza, protagonismo

Estamos tristes, desanimados, desencantados. Se escucha en las tertulias radiofónicas, se lee en las columnas de los periódicos. Parece que no tengamos otra conversación que la de la crisis. “Qué mal está todo”, “esto no hay quién lo levante”, “con la que está cayendo”, “en estos tiempos”, “el contexto de crisis” y un sinfín de frases hechas. Estamos entrando -como le pasa a Atreyu, el protagonista de la historia interminable- en el pantano de la tristeza. No hay que dejar que la tristeza nos llene el corazón porque nos hundiremos. Es el momento del optimismo defensivo, de sacar el instinto de conservación de la especie si nos ponemos serios. No es cuestión de ser optimistas tontorrones, ni blanditos y babosos como unos hippies trasnochados. Simplemente, nos queda seguir adelante por el orgullo, por la honra, por los que nos quieren, por nuestra familia, nuestra tierra, nuestro país, nuestro Dios o por lo que sea. Los tiempos de crisis nos recuerdan que somos dueños de nuestra vida, que eso que hemos dado en llamar el sistema, en este caso, el Estado del bienestar en el cuarto de estar, no puede sustituir nunca algo fundamental: nuestra libertad. Quitemos el foco de otras personas a las que les está cayendo toda la culpa: Nosotros somos los protagonistas.


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