El robotico. Culebrón por entregas. Capítulo 8

Entonces Agustín dijo:  -No me gusta este mundo. Vamos a un lugar virtual. Y entraron en el blog del maquinista. Allí había un post extraño en el que se hablaba de ellos mismos.

-Yo lo flipo. Dijo el acordeón. Mira, aquí hay un premio. Se lo mandan al autor de este lugar Francha y Alas de plomo. Dos craks.

-Qué interesante. Me lo voy a dar a mí mismo- dijo Agustín.

premiosymbelmie

-Rápido, antes de que llegue el dueño del blog y nos pille.

-Ahí van los premiados:

1.-Que pues: www.quepues.es por su cultura y sentido del humor

2.- El inspirado: inxpirado.blogspot.com Por su profundidad.

Tags: ,


El robotico, capítulo 7, culebrón por entregas

Lee aquí el capítulo anterior.

El hombrecico y el acordeón se amaron. Después el acordeón pregunto: -Como te llamas.

-Agustín Martín. ¿Qué pues?

-Me gusta tu nombre.

Cuando terminó la condena, los amantes salieron de la horchatería de la mano y se metieron en una zanja creyendo que era la vía Hispanidad.

-Esto está muy cambiado.

-Fácil

Tags:


El robotico, capítulo 6, culebrón por entregas

Lee aquí el capítulo anterior.

El hombrecico habló con el acordeón. Había buena sintonía entre ambos. De pronto, un moranco apareció en la Horchatería y el hombrecico le lanzó un zapato. Acertó en el bulbo raquídeo y dejolo inconsciente.

-Por esto que has hecho, te amaré por siempre- le dijo el acordeón – veo Morancos por todas partes y los temo. (Continuará).

 


El robotico, culebrón por entregas, capítulo 5

Lee aquí el capítulo anterior

El hombrecico habló con el acordeón. Había buena sintonía entre ambos. De pronto, un moranco apareció en la Horchatería y el hombrecico le lanzó un zapato. Acertó en el bulbo raquídeo y dejolo inconsciente.

-Por esto que has hecho, te amaré por siempre- le dijo el acordeón – veo Morancos por todas partes y los temo.

Continuará.


El robotico, capítulo 5, culebrón por entregas

Lee aquí el capítulo 4. Y aquí el uno.

El acordeón fue detenida y puesta a disposición judicial. Después, fue puesta a secar. Se le condenó a pasar tres noches y un día en la horchatería de enfrente de Hacienda. El acordeón prometió no deprimirse y leyó diarios gratuitos.

Una tarde, un ser indefinible entró en el local. Llevaba polainas, chancletas, botas, escarpines, mocasines y maripís. Los llevaba puestos todos  a la vez y tenía cierto estilo. Sus amigos lo conocían como El hombrecico


Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes